domingo, 30 de enero de 2011

Resaca Buenrrollista

Pues eso, que estoy con cierto tipo de resaca buenrrollista. Es raro, es muy raro (en mí) No sé, no entiendo por qué cuando hace apenas dos semanas estaba de una bajona monumental, ahora estoy bien y... creo que debería buscar el por qué. Creo que es importante. En fin, ya se verá.
Es genial eso de levantarse con ganas de comerse el mundo, que es de dieta y sabe bien.
Por otra parte, todo esto de ir en plan bien por la vida, me trae más cosas buenas. ¿Será el karma? yo nunca he creído en el karma. Nunca JAMÁS. Solamente el decir que hay alguien que te da cosas buenas si haces cosas buenas... puff, no sé, me cuesta. Y no sé si lo que me está pasando es que tengo buen karma o qué, pero oye, salgo a la calle y no paro de conocer gente nueva, de pasarmelo bien, de ser feliz, de... en fin, de un montón de cosas. Quizás, simplemente esa sea la vida normal, la que todos los días pasa y en la que yo no me fijaba porque estaba obcecado en mi malrrollismo.
Sea como sea, me gusta
Otra cosa que se me pasa últimamente es que al conocer a gente nueva o eso, me pregunto si será alguno de ellos. El otro día, por ejemplo, por casualidades de la vida encontré a un chico bastante (bastante) mono en una cafetería y que bueno, tenía pluma, algo. El caso es que no podía no preguntarme si sería él. Si en algún momento nos veríamos en cualquier otro sitio, nos conoceríamos y seríamos felices por cierto tiempo de nuestra vida. De hecho, creo que esa fue la segunda vez que lo vi. La primera me produjo el mismo sentimiento. A todo esto, una amiga y yo, estamos haciendo una descomposición de quien es y quien no (en su afán de buscarme un pichurri) y realmente hay bastante gente, eso me lleva a la misma pregunta de antes de si será alguno de ellos, de si esto es más fácil de lo que en un primer momento me parecía.

viernes, 28 de enero de 2011

I feel good

Dios! me siento como después de una ducha de esas calientes cuando hace mucho frío, de esas en las que te recreas porque necesitas limpiarte de verdad, de esas que se disfrutan.
Estoy a gusto, estoy feliz.

lunes, 24 de enero de 2011

Ch-Ch-Ch-Ch-Changes

Como decía Bowie.
Me siento cambiar. No se, puede ser algo metabólico o... psicológico. No sé, pero llega a extraños extremos insospechados, ya que hoy, HOY, me he decidido a hacer una lista de los objetivos del 2011. Quizás antes no me atrevía, o simplemente no quería. Pero me veo con fuerzas.
Quiero dejar algún tipo de constancia de este hecho. Quiero que me atormente para poder llevarlo finalmente acabo. Quiero estar más en lo que hago: tomarmelo todo algo más en serio. Ponerme al día con el francés y olvidar las peleas y lagunas que tuvimos en el pasado. Ponerme en forma, no redonda, se entiende. Abrirme como las piernas de una prostituta, dejarme las malas caras y los malos rollos sólo para cuando sean verdaderamente necesarios, dejar la estúpida timidez a un lado y decir claramente quien soy yo y qué quiero. No dejar que me pisoteen nunca más, no permitir que se pasen ni esto (señalo media uña). Hacer cosas, ¡Vivir! Sudar como nunca he sudado, no solamente a nivel físico, sino también deshidratarme psicológicamente. No perder nunca la ilusión por nada. Defender lo que tengo que defender. Pasar de todo, y no pasar de moda, bailar contigo el último cuplé. Decir lo que tengo que decir y hacer lo que tengo que hacer. Olvidar el miedo, y con él, el dolor.
David Bowie, qué gran hombre. Su hijo hace cine, por curiosidad.

martes, 18 de enero de 2011

Cuando Lon Chaney jugó con la muerte al ajedrez

Dejarlo todo sería la opción más eficiente. La más elegante. Dejarlo todo, llamar yo a su puerta y decirle que se ha acabado el espectáculo, que Faemino y Cansado ya no están en el escenario, que Chip y Chop murieron hace tiempo. Ni siquiera perduran aún los vagos recuerdos del gordo y el flaco. Sólo queda un triste Lon Chaney que ya se ha cansado hasta de liberar leones. Un Lon Chaney que se quita el maquillaje lentamente en el camerino, que olvida que no quiere recibir la bofetada, ya ni siquiera éso le importa.
Así podría describirme en estos momento. Ya he dicho que dejarlo todo sería la opción óptima, por hastío. Cansancio de todo. Nada de esto va a llevar a ningun sitio y, finalmente lo mejor sería dejarlo estar, let it be, como dirían los Beatles. Cansado de reír y llorar. Soy como el Comediante, llevo un pin con una cara sonriente mientras carbonizo con napalm a algunos amarillos en El Puto Vietnam
El negativismo se me hace denso, no puedo pensar, ni llorar, ni vomitar. Hace años que no vomito, creo que querría vomitar un rato.
Todo esto suena a suicidio, pero no lo es. Bueno, quizás, sí, un suicidio intelectual. Todo esto es resultado de la visión un tanto histriónica de varios acontecimientos acaecidos recientemente. Debería estar estudiando ahora mismo, debería desollarme los codos ¡Joder! Pero no lo hago, porque eso no me va a llevar a ningún sitio. Es una carretera perdida hacia ninguna parte, diseñada por un esquizofrénico llamado Frank que vive en Baltimoore. Hay tantos fallos que el mero hecho de esforzarme por superar el cinco me parece un juego estúpido, como aquel hipopótamo tragabolas de nuestra infancia. Eso sí, estudiar no es divertido (aprender sí, ojo)
sólo os pido que lo entendáis, que no me lo volváis a reprochar nunca jamás. Porque no lo voy a hacer. Sólo quiero correr un rato desnudo por el bosque.
En ralidad ni siquiera quiero hacer eso.
¿Entonces qué? No sabes nada, tus gorduras delatan tu estúpida mente. No eres nadie, nunca escribirás nada bueno, nunca serás quien quieres ser, nunca tendrás gracia. Hace tiempo lloré creo por estas palabras. Ahora no puedo hacerlo, no puedo hacer ni eso. Hace tiempo escuché una canción en la que se exponía con una rara y monótona voz que, aunque sea una lata el trabajar, tiene la vida su parte buena ya que, gracias a Dios, ésta pasa felizmente si hay amor, si hay amor, si hay amor. Bien, señoras y señores. No lo hay, y lo peor, no lo habrá. Y ahí es cuando, de repente, descubre que no eres nadie, que nada hubiera cambiado de no haber nacido, que eres un simple peón jugando contra la muerte en el Séptimo Sello. No me voy a suicidar, ni siquiera intelectualmente. Mañana volveré a estudiar, como hoy, como anteayer, como lo haré pasado mañana, y al siguiente día, y al siguiente y al siguiente. Aunque siga pensando que todo esto no tiene sentido, y que estudiar para algo que no tiene sentido lo tiene menos aún.