viernes, 7 de enero de 2011

Indochina

Anoche tenía pensado todo lo que quería escribir. Anoche todo fluctuaba. Pero hoy, hoy no me acuerdo de nada. Sé por qué quería escribir esto. Porque tengo miedo. Miedo de perderme, de desaparecer. Hago malabares mientras monto en monociclo por un estrecho camino donde a cada lado hay un barranco. Por un lado dejar de ser quien soy, en quien siempre he creído. Saber que de un día a otro serás como ellos. Por otra parte no ser feliz nunca, nunca jamás. Toda mi vida he ido eludiendo mis problemas como si fueran de otros. Como hacemos todos con los sucesos en el tercermundo o en el mar de indochina. Sabemos que están ahí, pero siendo sinceros pocas veces nos interesan. Pero ahora... todo está tan cerca, tan cerca de su final. Posiblemente no entiendan nada. Lo sé. Pero tampoco puedo ponerlo aquí, es todo tan, tan, tan tenso. Debería estar llorando, debería revolcarme por los suelos chillando de impotencia. Tiene solución ¿Pero y qué? Si le pasase a otro me daría más pena. 
Pensar en todo esto me revuelve algo en el estómago. ¿Y si aquel escritor tenía razón y sólo quieres ser como ellos? ¿Y si lo consigues y de pronto olvidas quién eras? ¿Y si el quién eras no importa? Sólo son tres preguntas. Tres preguntas que escribo aquí porque tengo que poner una punta de lanza de todo lo que viene detrás. Intento contarles cómo me siento sin decirles por qué, lo siento, perdónenme. Perdónenme también por hablarles de usted, pero es la única solución y salida. Hablar así, intentar pensar que todo esto le pasa a algún otro chaval de allende los mares.
Imagínense que un día se despiertan y su médico les dice que tienen un tumor en el cerebro, es benigno, siempre ha estado ahí. Se lo extirpan pero les avisan de que posiblemente no vuelvan a ser la misma persona. ¿Entonces? todo aquello que les ha hecho vivir, sus gustos, sus aficiones, sus amores ¿cambiarían?
¿Sería su vida producto de un burdo tumor en el cerebro? Esa, queridos lectores, es la pregunta.

martes, 4 de enero de 2011

Morlocks, all the need is love


Me siento fatal. Fatal conmigo mismo. Sé que es volver a repetir lo de siempre. Volver a caer en el mismo pozo oscuro y cavernoso lleno de Morlocks, que al fin y al cabo son como yo, gente que tuvo poco amor de pequeños. La idea de convertirme en un Morlock no me seduce, pero sin duda esto es así. En el submundo están los Morlocks, y arriba los seres superiores frágiles y encantadores. Tristemente todo se reduce a eso. Y se llevarían bien, sí, cuando los de abajo tuvieran un poco de amor.
Me siento un poco culpable por esto. Voy jugando a tres bandas, tengo tres blogs y los tres igual de activos. Estoy loco. Pero en cada uno puedo poner una faceta que ninguna de las otras partes sabe. Y así es mejor. Aunque igualmente me siento culpable.
He vuelto a releer la anterior entrada y me quedo con una frase: "Se abrazaban como abraza en el sushi el salmón a las bolitas de arroz". No sé por qué. En fin.
También he leído los comentarios y realmente me ha puesto contento, creía que nadie iba a leer esto. Me cae bien Monsieur X, al cual encantado dejaré "Confesiones de una máscara" que por ahora es el único que tengo (aunque el de color prohibido también tiene buena pinta) Cuando leí el segundo capítulo de Confesiones fue un... ¡Dios, no pué ser, alguien que me comprende! Y la verdad, no estoy muy metido en la cultura japo y todo eso, conozco algo, a Mishima, Murakami (aunque el de "Sauce muerto, mujer dormida" aún no lo he leído u.u pero "Sputnik mi amor" y "After Dark" son geniales) y sí, si me fastidia lo <<del waiiii ya, koko menyeukei!>> Por cierto, a mí también me da el arranque karaokero después de las uvas. La noche empieza con Raphael y su "tamborilero" pero no se sabe cuándo acaba Alaska... Rafaella Carrà... xD
En seiro. No me he currado nada esta entrada, pero oye... Por cierto, perdonadme la frikada de los Morlocks y todo eso, pero lo he escrito sin pensar, y al fin y al cabo éso es lo mejor.

domingo, 2 de enero de 2011

Sushi


Intenta torpemente coger el sushi con los palillos, dejo que lo intente una, dos, tres veces, es realmente gracioso, el me mira e intenta mantener el tipo mientras sonríe. Es de la clase de persona a la que no le gusta quedar mal. Dudo un poco, pero cojo tiernamente su mano y le dirijo. No sé como se lo habrá tomado. No soy nada sutil y vuelvo a sonreír.
Un japonés comienza a cocinar delante de nosotros, charlamos tímidamente. ¿Qué quieres que te cuente? En toda esta historia sigue habiendo cosas que no funcionan, él no me entiende, es muy básico. ¡Simple! Ésa es la palabra. Me horroriza. ¿Me lo tomo a bien, como reto personal de encauzarlo por el camino sagrado de Haruki y Mae o eso generaría demasiadas diferencias? Es algo que me persigue, una pregunta larga e inconexa. No conoce al tito Woody, pero quiere ver Manhattan. Vamos por el buen camino.
El japonés corta sepia rápidamente y hace como que no nos oye. Me gustaría preguntarle ¿se me nota demasiado? Me gustaría ser él, y verme desde fuera, seguro que se me nota mucho. ¡Dios! No paro de mirarlo.
Lo prueba todo, y lo más extraño ¡le gusta! Disfruto viéndolo disfrutar, y tirito. Estoy cayendo en un pozo sin fondo y sigo sin saber si se ha dado cuenta de mis intenciones. Pero todo ha pasado tan rápido, no hace ni tres semanas del “accidente” y ya estoy aquí, cenando con él, intentando seducirle, seguro que no se ha dado cuenta todavía. ¡Segurísimo!
Sputnik mi amor le suena a chino, y Rubén Darío, y Warhol, y Wong Kar Wai. Pagamos y nos ponemos los chaquetones, cuando hace frío está aún más mono. Esperamos al autobús, hablamos de la vida y de la filosofía, prefiere no calentarse la cabeza, yo le digo que al fin y al cabo es lo mejor, y él al rato responde que tiene sueño.
El autobús llega vacío, nos sentamos juntos. Yo miro por la ventana, él cierra los ojos y tras probar varias posturas en el aire, se decide a apoyarse en mi.
¡Oh Dios! ¿Qué hago, le pregunto que qué hace, lo dejo estar, lo…?
-         ¿Te incomoda?
-         No… no… Solo es que… estás tiritando.
-         Tengo algo de frío.
Vale, a ver, pongamos cada cosa en su sitio. Que no se haya dado cuenta de todas mis indirectas sería casi imposible ¿no? Bien, partimos de ahí. Lo de apoyarse podría ser porque realmente tiene sueño, o porque quiere… en fin, eso, acercarse. ¿Dónde está María cuando la necesito? ¡Mierda! Sigue tiritando… Venga, va.
Lo abrazo, y él se acomoda aún más. No hay duda.
Lo despierto de su falso sueño al llegar a la parada. Él me mira desde abajo y me sonríe. Al salir está lloviendo, el autobús se va, la calle está desierta, hace mucho frío.
Alguien tiene que decir algo, se me pasan por mi mente frases absurdas y desestructuradas “podrido en Dinamarca huele algo”, soy como Yoda pero con más tipín.
-         Lo he… ehm… pasado realmente bien.
-         Si… yo, tu, uhm… ¡Si! Realmente bien.
-         Podríamos… repetirlo, algún día, alguna noche, o tarde o…
-         ¡si! O mañana, una mañana repetirlo podríamos también.
-         Podríamos… ir a mi casa. Tengo chocolate y… está lloviendo.
-         Creo que… ehm… no acostumbro a hacer esto ¿sabes? Yo siempre he sido de mujeres y vino y… eso. Y eso si. No quiero… hacerlo.
-         No… no. Quédate a dormir, simplemente.
Seguimos balbuceando durante unos diez minutos que se hacen tan largos como cortos, después, solo Dios sabe como terminamos besándonos y hablando de lo importante de la lluvia para los campos de secano. Finalmente vamos a mi casa.
Él no quiere hacer nada, yo, tampoco. Parece raro, pero es así. Dormimos juntos sí, en una cama de 2 x 90. Dormimos abrazados, como en el sushi abraza el salmón a las bolitas de arroz. Dormimos felices mientras llueve. Dormimos como de alguna manera u otra siempre habíamos querido dormir. Y a la mañana siguiente tomamos chocolate caliente mientras vemos Chungking Express arrebujados en una manta, separados del mundo y de la nevada exterior.

sábado, 1 de enero de 2011

Edredones en la oscuridad

No era la primera vez que me pasaba aquello, realmente, ese sentimiento de que debajo de mi no había nada, era bastante común en mi vida, pero esta era la primera vez que bajaba tanto ¡Y tanto! El colchón se estaba desquebrajando, una enorme grieta llegaba de lado a lado, se veían plumas por todos lados, salió disparado un muelle, y yo tapado de la cabeza a los pies, resguardado completamente bajo el edredón, intentando aferrarme a una esquina, agarrándome con uñas y dientes, pero nada dio resultado, lo que finalmente provocó que cayese a un vacío que nunca antes habría creído posible que hubiese bajo mi cama.
No sabría decir si el edredón estaba sobre mi o yo sobre él. Caíamos a una velocidad inaudita, bien por su rapidez, bien por su lentitud. Alrededor de mi se arremolinaban partículas de verde esperanza y de amarillo limón, rosa pasión y rojo chicle, veía literalmente el tiempo pasar y el viento me traía un agradable olor a iglesia.
Aunque un poco mareado por el incienso, decidí poner el edredón debajo de mí, para intentar amortiguar la caída. Tranquilamente, me recosté sobre la gruesa manta y miré hacia arriba. Y Ahí, en el oscuro cielo veía parejas de lágrimas que bailaban un vals y reían y lloraban y vivían hasta que en la negrura desaparecían para siempre, junto a ellas fuegos artificiales que decían bonitas frases de amor y ternura, decían “Te quiero” y “Te amo”,y, “tu y yo por siempre” y “bésame”, pero realmente, se desvanecían tan rápidamente como tardas en olvidar a quien se las dices.
Caía como Alicia a través de la madriguera del conejo, o como Dorothy por el tornado.

Resaca in Blue (Tropic)

Vengo de la fiesta, de la gran fiesta. Al final fui. Quizás era eso lo que me hacía falta, beber hasta perderlo todo (el móvil, las llaves... Menuda escena me montaron mis padres por llamar a las 5 de la mañana al timbre...) Bueno, el caso es que, aunque no me apetezca nada hacer un recuento del 2010, creo que tengo que hacerlo. Si uno no se da cuenta de lo bueno que tiene... lo pierde todo.
Realmente ahora mismo solo recuerdo lo malo. Esos horribles momentos que te amargan. Pero son tan pocos... ¡Y tan infimos!
 Quizás este año no haya hecho todo aquello que quería hacer, todo aquello que una noche como ésta me propuse hacer. Ser menos tímido, más activo...y ese tipo de cosas de las que ¡jo! ni siquiera me acuerdo... Pero he hecho otras, lo bueno que ha tenido este año es que todo ha ido saliendo, todo ha sido por el azar. Yo no buscaba nada pero encontraba de todo. No podría decir que me he encontrado a mí mismo, pero casi. Ya sé qué quiero ser, ya sé como soy. Este año me he desarrollado. ¿Saben? Me gustaría ser escritor. Yo quiero ser escritor. No hace falta que sea de éxito, no quiero escribir best-sellers - me sentiría bastante mal si lo hiciera - .Yo lo que quiero es contar algo que me sale de lo más hondo de mi cuerpo. Eso ha sido lo bonito de este año, que de pronto te das cuenta de algo que siempre siempre siempre ha estado delante de ti, mirándote con ojos de gata.
No he tenido problemas graves, creo que ni siquiera me he puesto enfermo. Sigo teniendo a toda esa gente de confianza que me apoya y a los que apoyo. Quizás no he conocido a más gente, pero con conocerme a mí y a Yukio Mishima, casi que me doy por satisfecho. Algún día os hablaré de él.