sábado, 30 de julio de 2011


 Ya sea el de Neil Gaiman o el de las Chordettes
Hacía tiempo que no era tan tan tan feliz, por eso escribo :D
Hoy lo he visto, y está más guapo que antes, mucho más guapo (y antes ya era todo un primor, oiga)

miércoles, 27 de julio de 2011

¡Tengo Derecho a mi Fiesta!

Señoras, señores, queridos lectores del blog. Ya está, ha llegado ése momento, el ansiado momento aquel que parecía tan lejano. Antes me refería a él como un tiempo verbal imposible, un futuro perfecto, pero está aquí, el “Cuando esté bueno” es hoy,  el futuro ha llegado a la ciudad, y no sabes lo bien que me sienta papá A-A  A-A  A-A A-A A-A Ahhhh. Ya no hay nada por lo que sufrir, ya no hay razones para la negatividad, esto quiere decir que lo he conseguido. Os cuento:

Empecé el blog allá por enero, y si lo hice era porque necesitaba hablar de todo lo que me pasaba, intentar contárselo a alguien, o más bien a algo, porque todo lo que veía a mí alrededor eran las ruinas de un ser humano. Un cuerpo deshecho, una mente enloquecida por todo lo que le rodeaba: ruido y furia. Joder, me acuerdo de eso como un relato dantesco, como una de esas películas que ahora hace Spielberg para ganar dinero con el tema de la segunda guerra mundial. Se podría decir que por enero yo era ése Berlín derruido por una guerra, corroído por el odio externo, y lo peor, por el odio que yo me tenía a mí mismo. Me sentía como una mierda, una mierda rodeada de mierda para que me entendáis mejor, rodeado de mierdas felices. Pero me decidí a cambiar. Me gustaría contar qué suceso hizo que este cambio se hiciese realidad: Simplemente un día vi en una pizería a un chico, y me pregunté si acaso no pudiera ser él aquella persona a la que todo el mundo se refiere cuando dicen “ya conocerás a alguien”. Así que comprendí algo que ya sabía de antes pero que mi mente se había obstinado en expulsar: no sabes lo que te depara la vida, salir a la calle un día concreto a una hora concreta puede hacer que muramos, que nos enamoremos perdidamente, que comprendamos lo feliz que es nuestra vida. Llamadlo destino, casualidad, Dios ¡da igual! Es una realidad. Por eso comprendí que tenía que acomodarme a esa realidad, tenía que estar disponible para cualquier cosa que viniese, cualquier cosa. 
Fueron meses duros de seguir un autoregimen cuasi-fascita en todo lo concerniente a mi vida, sí, duros pero mágicos. Había algo que no encajaba, me sentía feliz. Sentía como al correr, al exponerme a sus risas, a mover todas mis lorzas ante sus ojos y sudar como un cerdo estaba expiando mi pasado, me exorcizaba cada tarde y no sólo limpiaba mi cuerpo, sino también mi alma. Hoy por hoy, y aunque me duela decirlo, el ejercicio ha sido una de las mejores cosas que me han pasado. Y por fin ese cuerpo deshecho y esa mente enloquecida se han regenerado y yo sonrío, no paro de sonreír.
Realmente no solo he sido yo quien ha impulsado el cambio, algo me ha ayudado, no sé qué es, pero han coincidido muchas cosas en un mismo periodo de tiempo: conocer a gente nueva, que empezara a descubrir artistas nuevos, que me quitasen el aparato, que me gustase quien me gustaba… todo esto ha puesto un grano de arena, pero sin duda algo que me ha ayudado mucho ha sido empezar a creer en algo parecido al destino, del que se nos informa por algo que podríamos llamar señales. Es una teoría que yo tengo, dos minutos después de las campanadas en nochevieja tuve mi primera revelación, que me indicó (con mucho acierto) qué pasaría en este año, o eso es lo que a mi infantil mente le apetece pensar (no es muy conveniente contar lo que pasó aquí, pero es una señal como la copa de un pino, os lo digo yo)
También tengo que mencionar, esta vez en un plano más mundano que en el anterior párrafo a una serie de personas sin las que esto no hubiera ocurrido jamás: en primero lugar a Vicky, sin quien jamás habría empezado el cambio y que me acompañaba a hacer la ruta del colesterol aunque a ella no le hacía falta y sólo quisiera cotillear. Aquí, y de esta forma tan cutre quiero decirte que no sabes como te quiero, que vuelves mañana y estoy que no me lo creo, que eres muy especial y un ejemplo a seguir en ciertas cosas, ya me entiendes... A Andrea, quien posiblemente jamás lea esto (ya me encargaré yo de que se entere), ya que sin su vitalidad contagiosa (a quien lo pille le invito a un helado)  nunca hubiese intentado aspirar a un nivel de vida mejor, gracias de todo corazón. Sé que hay más gente a quien debería dar las gracias, a muchísima gente (como a Marina, que ahora que me acuerdo me enseñó a correr) pero no puedo, es demasiado y me quedo aquí. Sí que me gustaría hacer dos últimas menciones, en primer lugar y permitidme que lo haga porque lo creo muy necesario, aunque suene extremadamente raro, a Álex de la Iglesia (este si que no creo que lo lea ¿eh?) por la película Balada Triste de Trompeta, dejad que me explique.  Esta película representa una época de mi vida, una época más bien oscura en la que me identificaba con el personaje de Carlos Areces y que me ayudó a entenderlo todo, esa gran diferencia entre los payasos tristes y los payasos tontos, cómo se necesitan los unos a los otros, cómo se odian a sí mismos porque desearían ser justamente lo contrario (evoco directamente cuando Sergio le dice a Javier “¿Qué te ha pasado en la cara, es que acaso quieres parecerte a mí?”, frase que viene a explicar todo aquello que con esto quiero decir) Pero no solo representa esa época oscura y vergonzosa de mi vida, sino también el cambio, la de-formación de todo. La existencia de este film me convenció por fin de que debía cambiar, de que quería cambiar, de que deseaba el deseo, sin ella jamás habría escrito esta entrada, no al menos con esta gracia! Creo que no me he explicado demasiado bien, ved la película (con unas miras muy anchas, ya que es una película algo difícil. Fácil de ver pero puede ser complicado entender todo lo que se el director quiere expresar, es recomendable leer antes el blog que hizo donde está todo explicado) y luego la comentamos y os lo explico mejor. Quizás suene raro dar las gracias a un artista, así, directamente, pero hay veces que un libro o una película pueden hacerte comprender cosas que una conversación no puede, éste es el caso. Me ha costado decidirme por Álex ya que también tengo a Terry Gilliam, a Woody Allen y a Boris Vian en la lista de gente a las que darles un abrazo en cuanto les vea (un amigo está poniendo a punto la máquina resucita-muertos) Por último quería mencionaros a vosotros, muchas gracias, por vuestras visitas, vuestros comentarios, que aunque no siempre son respondidos me alegran sobremanera :D, y a todos los que han estado ahí, mis amigos y eso. GRACIAS
Como habréis podido intuir, esto es algo así como una despedida, una especie de títulos de crédito, espero no volver a escribir aquí en un tiempo, porque eso supondría que ya no soy tan feliz como lo soy ahora; por otra parte, si los soy aún más también os lo haré saber; o qué cojones, cuando me apetezca, ¡ya veremos! Pero por ahora, hoy miércoles 28 de julio del 2011 doy por abierta la veda, la cacería, que venga el destino, o la casualidad, o Dios, llevo mucho tiempo esperando este momento, viendo cómo los demás eran felices y llevaban vidas limpias. Y ha llegado. Tengo derecho a mi fiesta, y ¡Joder!, va a ser un fiestón.


lunes, 25 de julio de 2011

 
    
Cómo no sentirse como el niño que en el Pueblo de Los Malditos se queda solo, y por no poder, no puede ni hacer el mal, ni matar siquiera. Que se queda viendo cómo sus compañeros del espacio exterior van emparejados sembrando el caos por toda la ciudad, y él, pobre de él, sabe que solo no es nadie, y comienza a entender lo que es la empatía. Y una vez más, guarda sus superpoderes para otra ocasión, en espera de que en algún momento llegue desde algún rincón del universo su compañera desaparecida para que juntos puedan, en una extraña relación de unidad, intentar someter de nuevo a la humanidad.

domingo, 17 de julio de 2011

 El verano es un cuadro surrealista, donde el tiempo se deshace, no hay día, no hay tarde, no hay noche. Carezco de motivación alguna, nada me apetece ni me desapetece. Todo es igual. Todo está repleto de hormigas devoradoras. Y encima este puto calor.

lunes, 4 de julio de 2011

Reflexiones en un probador

     El sujeto entre mis manos ríe, vuelve a reír. Su rostro chorrea sangre, el mío también, mis manos intentan asesinar a la aberración primigenia, al horror que me persigue. Frankenstein era un inútil, un débil, yo sí puedo matar a mi bestia, y de hecho lo estoy haciendo, aunque ría, aunque no pare de reír. Vuelvo a golpear su cabeza contra la mesa, lo lanzo hacia el suelo y cae, casi muerto. Aún ríe. Intento coger la lámpara, que se me resbala por la sangre. Mis manos tiemblan. Intento acercarme con entereza, con la suficiencia propia de un villano de película, o mucho mejor, de cómic de los cuarenta. Intento parecerme al emperador Ming, al doctor Durand-Durand, a David Bowie en Dentro del Laberinto, y creo que no lo consigo, porque el puto payaso sigue riéndose, riéndose de mí. Me acerco y apoyo la lámpara en su cabeza, no quiero fallar, otra vez no.
    “Mátame, estoy dentro de tu cabeza ¿no te das cuenta? Puedes matarme ¡Pero seguiré en tu cabeza!” grita convincente. Su boca se abre, su horrible boca, sus dientes revueltos castañetean y hace una mueca imperceptible de felicidad extrema, casi orgásmica, que se hunde entre sus carnes. 
   -Nunca estaré solo, siempre lo tendré a él.- susurro abatido, comprendiendo la ignominiosa idea de que siempre tendré a un niño retrasado conmigo, un niño obeso embutido en un traje de payaso, con el maquillaje corrido por la cara por el mar de sudor que le recorre, un niño enfurruñado, cansado de todo, que no para de odiar, un niño horrible y obsceno, grotesco, una mancha para toda la humanidad, y que además no para de reírse, jamás para de reírse y nunca parará. Porque lo necesito tanto como él me necesita a mí, porque siempre estará en mi cabeza, y aunque me cueste decirlo, porque le debo muchas cosas, sin él jamás sería quien soy: un monstruo limpio.

"Mil gracias al niño obeso, pero debe morir"