jueves, 3 de mayo de 2012

La libreta amarilla de Gersh-Win, - pg. 97

Fin de Fiesta, Carrie y Battle Royale
 Es extraño cómo se van concatenando los hechos, es extraño cómo poco a poco todo va adoptando una linealidad que jamás antes había podido percibir y es al final del todo, en los últimos días, entre melancólicos y amargos, cuando te das cuenta de todo lo que ha pasado en seis años, de refilón, sin demasiado ruido, como un huracán instantáneo y pasajero. Y es extraño, sí, de repente un día se te ocurre parar la clase, refugiarte por un minuto en tu mente como ya has hecho mil veces, y ponerte a pensar en el tiempo que ha pasado como si no hubiera pasado desde que empezó el curso, y todo comienza a ser más extraño cuando ves que los recuerdos son como fantasmas, como de otro tiempo y de otro lugar, de otra persona muy lejos de tí, y sólo queda el tuenti para confirmar que estuviste allí, aquel día y a aquella hora con aquellas personas que tanto han cambiado, que han crecido, que tienen el pelo más largo o más corto, que han adelgazado, que incluso han madurado y ya no son los de antes. ¿Cuánto hace de la escaramuza madrileña y por qué ya la contamos como se la contaremos a nuestros nietos? No ha pasado mucho más de un mes. La vejez llega.
 Además de esta extraña percepción temporal sesgada y melancólica, el último curso de la adolescencia tizna el mundo de un furioso y violento marrón mierdagato que todo lo ocupa y todo lo llena. Los ojos, las caras, las manos, incluso las voces, a ellas también, y a las expresiones y las formas de hablar. Como si fuera Flandes, como si fuera el Desembarco de Normandía, una agónica menstruación permanente o un parto prematuro de un conjunto de padres que odian a su criatura: Nietzsche, Lorca, Boticcelli; Kafka, Shakespeare, Márquez; Dalí, cariño, tú también. Porque cada vez está más cerca el maldito Día de la Ira, la disolución total de la cordura, un Battle Royale a la española por una mísera plaza, por un título y una carrera, por una vida acomodada y feliz. Siento ponerme anarca. Pero es que me dan tantísimas ganas de demostrarles mi supuesta madurez, que soy mejor que la persona que tengo a mi lado contándoles la Verdadera Historia del Mundo, nuestra historia trágica y entretenida. Hojas y hojas, toneladas de folios que nos hagan mejores que los demás, olvidando la idiota medición de conocimientos que al fin y al cabo es como sacarse la chorra y comparar. Podríamos hablarles de cuando empezó todo, el Big Bang: nuestro primer llanto; relatar todo lo vivido desde principio hasta el momento de comenzar a mover la mano para escribir el inicio del mundo, como en aquella novela, en las puertas del Infierno. Toda una vida de cosas para contarles, enamoramientos improcedentes, defunciones improcedentes, besos y noches y días y mañanas. Viajes, también. Podría contarles cómo consiguieron sacar la barca del embarcadero en el Parque del Retiro, podría contarles la fiesta nocturna en el hostal y mil cosas más si decido hablarles de Madrid; Podría contarles cosas de estos seis años, el primer concierto, la primera fiesta y el primer vómito metafísico, las obras de teatro y las películas de Tim Burton que nos acompañaron durante toda nuestra fantástica y maravillosa preadolescencia; Podría... relatarles el momento en el que conocí a Arrabal, el primer instante en que escuché a Klaus & Kinski o cuando, por causa de la casualidad vi las películas del hombre que terminaría por volverme loco. Podría contarles tantas cosas que me limitaré a decirles las formas jurídicas de la empresa o la estructura oracional de alguna frase absurda.
 Me crea confusión dejarlo todo, cambiar por fin, me crea confusión y cierta tristeza, a decir verdad. Ahora mismo no sé exactamente qué va a pasar a partir de ahora, y un vacío vertiginoso se abre en la incertidumbre de la duda -que ofende- sobre estudios, carreras y ciudades. Lo único que espero, el único sueño que tengo es que dos repitan vestido en la graduación, y que todo termine plan Carrie. Ése sí que sería un buen fin de fiesta, y ahí terminaría todo y no tendríamos por qué hacernos preguntas comprometedoras sobre nuestra vida y nuestro futuro.
¡En América sí que hacen graduaciones como Dios manda!

3 comentarios:

  1. fin de una etapa.suerte en la próxima!!

    ResponderEliminar
  2. Que grande, son por entradas como estas por las que sigo leyendo blogs (y le tengo miedo al año que viene) Mucha suerte

    ResponderEliminar
  3. Tan conmovedor como el primer día, querido Gerwish. No desesperes querido músico judío, aún nos quedan cuatro años (seis con el máster) para convertirnos en esas sanguijuelas horrendas que tanto aborrecemos.Y tienes razón ¡qué cojones!, ya podrían organizarnos una graduación como Dios manda... cuantas noches habré soñado con aquel que me llevaría al baile de fin de curso... aish...

    Pd.: Me siento tan emocionado al poder decir al fin ''Yo estuvo ahí'' (momento de las barcas xD).

    ResponderEliminar